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Editorial 11 septiembre 2009

Archivado en: Nota Editorial — Phenomena @ 00:00

libros

Dime Qué Hay En Tu Biblioteca Y Yo Te Diré Si Eres Lector

Por Phenomena.

 

 

…Qué raro. Justo cuando la vida empieza a ponerse más interesante –más confusa y más ambigua, también-, cuando ya se domina más o menos con facilidad el código común (ya la lectoescritura, con perdón de la palabra), es el momento elegido para que se produzca una fuga en masa de lectores…
GRACIELA MELGAREJO

 

Vi a alguien entusiasmarse con Las Aventuras de Alicia en el País de las Maravillas y, luego, así, sin más, desmoronarse de desilusión en la página final. Y me pregunté: ¿Qué es lo que convierte a una historia en un clásico, más allá del canon literario? ¿De dónde surge aquel extraño gusto colectivo que nos arrastra en masa a comprar un libro?

Ambas preguntas me resultaron ambiciosas y totalmente fuera de mi alcance pero, sin embargo, de inmediato noté que sí había algo que sabía. De no haber sido una más en medio de una gran multitud de gente obsesionada por un único título, nunca hubiese tenido entre mis manos el increíble Rebelión en la Granja o, mejor aún, el polémico La Naranja Mecánica. Más a mi favor, posiblemente, jamás hubiera estudiado Literatura y Letras.

En efecto, mi inquietud dejó de ser comprender por qué algunos títulos eran considerados clásicos o no, o, por otro lado, cuál era el motivo que había dado lugar a una infinible cantidad de best-seller, sino que, pasé a cuestionarme las razones que separaban a aquella literatura que vale la pena, de aquella que no es más que un simple producto comercial. Quizás,  así lograría encontrar una respuesta (o algo  aproximado) a aquellas dos incógnitas que hacían ruido en mi cabeza.

Llegados a este punto, debo confesar (y sé que más de uno comparte mi experiencia), que el primer libro que leí en mi vida fue Harry Potter y la Piedra Filosofal. En ese entonces, el fenómeno que traería J.K.Rowling al mundo era tan desconocido que, en cuanto estalló el boom Harry Potter, de alguna forma ya tenía El Cáliz de Fuego en mis manos y las películas comenzaban a filmarse.

Al fantástico Harry Potter, lo siguió una infinita cantidad de sagas que, el sólo desear elaborar una lista, podría agotar el límite de caracteres que tiene este blog (y realmente son demasiados…), pero, sin embargo, hay algunos que se destacan: la reedición de El Señor de los Anillos y Las Crónicas de Narnia, Eragon, Artemis Fowl, Los Seis Signos de la Luz, Crepúsculo y, más recientemente, Los Juegos del Hambre.

Sin embargo, mi indignación creció cuando, en medio de muchas lecturas de críticos, hallé que la mayoría de los títulos fantásticos que me gustaban eran arduamente desacreditados. ¿Por qué, por el simple hecho de ser parte de un enorme fenómeno comercial, deben ser literatura basura para el sector juvenil? ¿De dónde habían salido todas aquellas personas que menospreciaban los libros que a mí (y, de seguro, a cientos de jóvenes más) me habían motivado a escribir y, por si fuera poco, habían logrado encender un inagotable interés por la literatura?

La gente, en general, y los adultos, en particular, ignoran la cantidad de chicos que no mencionan que leen porque aquellos títulos que son sus preferidos no son más que un producto que un grupo de personas idearon para hacer crecer los ingresos de sus editoriales. Sí, los sectores jóvenes están informados y aún piensan (porque la masificación de los medios y el uso intensivo de internet no son del todo negativos) y no resulta agradable tener la certeza de ser el blanco preferido de las corporaciones.

Entonces, la propuesta es la siguiente: leamos con libertad y, más específicamente, lo que está propuesto para nuestra edad. Dejando de lado las finalidades educativas, que, como se sabe y no se intenta discutir, son primordiales en el desarrollo del joven, sería interesante contemplar la iniciativa docente y estudiantil de incluir, de alguna forma, los títulos que son apropiados para cada etapa. De seguro, se obtendría una mejor aceptación de los clásicos (sí, en su momento nosotras también odiamos El Cantar del Mio Cid) y la literatura escolar se volvería más amena.

Al fin y al cabo, en la escuela o fuera de ella, ¿Quién tiene el poder de decidir qué textos son o no mejores para llevar a los jóvenes a que lean? ¿Qué mejor terreno sobre el cual trabajar que aquel que previamente se vio cultivado de forma gustosa y a voluntad? En definitiva, la verdad es simple. Nadie, ahora ni nunca, puede determinar quién es o no lector por lo que hay en su biblioteca, sino que se debe contemplar un progreso que crece día a día en la mente de miles de jóvenes lectores.

 

One Response to “Editorial”

  1. tyess Dijo:

    ¡Así se habla!


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